Marzo de 2020: Una pandemia se ha desatado. El mundo entero, salvo en Turkmenistán y Corea del Norte, donde el Coronavirus no existe, cierra, intentando controlar la situación.
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Diciembre de 2020: La esperanza llega al mundo. Varias vacunas se demuestran efectivas ante el virus que ha asolado el planeta los últimos meses y comienza una campaña de vacunación global.
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Enero de 2021: El grupo farmacéutico español Insud Pharma anuncia que fabricará los viales de la vacuna AZD1222 desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford, encargándose de su llenado y empaquetado. La producción comenzará en la planta de su área industrial, Chemo, ubicada en Azuqueca de Henares (Guadalajara), en el mes de febrero. La noticia llena de alegría a la ciudad. El aclamado revisor del tren, que en sus ratos libres actúa como alcalde de la localidad, José Luis Blanco, logra asegurar un envío privado de la vacuna para Azuqueca y, junto a su equipo de gobierno, desarrolla un plan sin fisuras al que este medio ha tenido acceso de manera exclusiva:
1º.- Se vacunarán a los miembros más vulnerables de la sociedad, es decir, los políticos.
2º.- Se vacunarán a otras personas relativamente importantes, como los médicos y enfermeros.
3º.- Para dar sensación de normalidad y entregar esperanzas a la población, se vacunarán a todos los jugadores de la Liga Azudense de Fútbol-7, que reanudarán sus partidos de manera inmediata.
El documento es sorprendente, pero nuestras fuentes son fiables. De hecho, sabemos que el Concejal de Retos Deportivos, Enrique Pérez, presionó en esta dirección. Y también nos han confirmado que varios jugadores sobornaron al alcalde por otros medios, como muestra este documento gráfico:
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Por respeto a su intimidad y evitar represalias como en su momento sucedió con Jorge Espeto, sólo pondremos sus iniciales. Se trata de J.L.B.M. (izq.) y D.A.d.l.F. (der.)
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Febrero de 2021: La vacunación arranca y el plan azudense se sigue al pie de la letra. Para finales de mes, todos los jugadores la Liga Azudense de Fútbol-7 están vacunados y se anuncia a bombo y platillo la reanudación de la competición para marzo. En el formato reducido, los equipos de la 1ª División jugarán todos contra todos a partido único y los dos mejores clasificados disputarán una final en los anexos del Complejo Deportivo San Miguel que será retransmitida por Azuqueca TV con el fin de llegar a todos los fieles seguidores de esta competición.
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Marzo de 2021: Arranca la competición. El Jamónikos FC cuenta entre sus filas con el mismo plantel que la temporada anterior. Nada ha cambiado. Ni fichajes ni, por suerte, bajas. Con los clubes nocturnos cerrados, bares con capacidad limitada y toque de queda, no hay excusa posible para nuestros chavales. Tampoco había competiciones paralelas o compromisos extradeportivos que pudieran causar bajas en la plantilla. Las distracciones se habían eliminado por completo y el Jamónikos se preparaba a conciencia para la corta temporada.
Con el arranque de las hostilidades, los nuestros rápidamente muestran su ventaja. Tras más de un año parados, muchos contrincantes sienten en sus carnes los largos meses de inactividad. Nuestros jóvenes chavales, aunque ya no tan jóvenes, acostumbrados a jugar con solamente 7 jugadores todos los partidos a pesar de tener un plantel de 15 jugadores, hacen demostración de poderío físico. En realidad lo de poderío es relativo, ya que físicamente siguen igual que antes, pero al haber empeorado los rivales, pues es lo que hay.
Tras un fulgurante comienzo de temporada, el Jamónikos gana los 4 partidos de marzo colocándose como líder en solitario de la Primera División del Fútbol-7 azudense.
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Abril de 2021: Con el liderato provisional, los nuestros, como las medidas anti-Covid, se relajaron. Y al relajarse, llegaron los tropiezos. El colchón de puntos pronto despareció y el Jamónikos se vio involucrado en una carrera a cuatro entre El Trankal, The SouthDown/Bar Calatrava, el Hulio Tenis Club FC y ellos mismos. Solamente dos podrían disputar la final y la diferencia entre ellos era mínima. A penas 4 puntos con 2 partidos por disputarse. Marca y As detuvieron su cobertura de LaLiga, decidida desde hace meses y sin interés alguno por culpa del VAR, para informar con todos sus medios de lo que sucedía en las dos jornadas finales de infarto en la Liga Azudense de Fútbol-7.
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Mayo de 2021: El Jamónikos FC dependía de sí mismo para entrar en la final por el título liguero. Aunque estaba tercero en la clasificación general al comenzar el mes de mayo, se enfrentaba al segundo clasificado. De ganarle, y ganar su último partido ante un conjunto del vagón de cola, estaría en la final. Así que debían morir por ello. No literalmente, claro, aunque a alguno le diera algún que otro ataquito al corazón.
Llegó el día del encuentro clave. La clave estaría en los primeros minutos, y nuestros chicos lo sabían. Guardaron esa clave en secreto mientras se entrenaban los días previos para el partido clave con música de clave de fondo tocada en clave de do. Perdonad si me he repetido, pero he perdido mi libro ese lleno de palabras donde hay palabras que tienen un significado parecido a otras palabras y ahora me faltan las palabras clave.
El caso es que el Jamónikos sabía lo que había que hacer... y lo hizo. Salió en tromba. Sin miramientos, dispuesto a aplastar al rival como habían ensayado. Y vaya si lo hicieron. Al descanso, el marcador marcaba un abultado 17-0. Los nuestros, como homenaje a Iván, mítico #17 del conjunto morado, decidieron no marcar más goles en la segunda mitad. Así lograron una victoria que les colocaba a las puertas de la final y al mismo tiempo honraron la memoria de aquella vieja gloria, que Dios le guarde.
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Pero el trabajo no estaba terminado aún. Un tropiezo en la última jornada podía llevar todo al traste. Así que los nuestros hicieron concentración. Quedaron una hora antes del partido para prepararse, algo nunca visto hasta entonces en el conjunto de nuestros amores. La preparación hizo efecto y los nuestros salieron cansados al campo. Normal, nunca habían calentando durante tanto tiempo y para el pitido inicial estaban fundidos. Todos salvo dos: Javier París y Guillermo Saiz. Al contrario que en las ocasiones anteriores, esta vez, con un calentamiento propiamente dicho, París estaba en su salsa y Guille es como los motores diésel, que además de contaminar, funciona mejor cuanto más kilómetros recorridos lleve. El caso es que ambos se echaron el equipo a la espalda. Literalmente. Sacaban a sus fundidos compañeros del campo y les reemplazaban por otros. No hacía falta que se movieran mucho, ya corrían ellos por todos, robaban balones por todos, daban asistencias por todos y metían goles por todos. El Jamónikos ganó y logró el objetivo. Ya sólo faltaba una semana.
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El tiempo voló y Azuqueca se engalanó para la gran final del 15 de mayo. Pedro Sánchez había levantado el estado de alarma para que los fan pudieran acudir al Anexo del San Miguel a presenciar en vivo y en directo el espectáculo de la gran final. Muchos madrileños, ansiosos de fiesta, acudieron al cercano pueblo guadalajareño para celebrar la victoria de quien sea. El caso es celebrar.
Puntual a la cita arrancó el encuentro. El Jamónikos luchaba por ganar su primer título de Primera División en la Historia del club y los nervios se notaron. Los pases eran imprecisos. Los tiros desviados. Los regates fallidos. Entonces pasó lo inevitable y el Jamónikos encajó un gol en contra. Los nervios se tornaron en reproches y nuestros chicos comenzaron a salirse mentalmente del partido. Las discusiones se acaloraron y las individualidades afloraron. El equipo estaba perdido. Sólo un milagro les salvaría.
Y el milagro llegó. Recién aterrizado de Alemania, Adrián, el antiguo entrenador del conjunto morado apareció en el Anexo del San Miguel como un ángel descendido de los cielos. Todo el mundo le miraba, patidifuso. Se oían rumores por la grada "Mírale... de Alemania a aquí sí puede y yo de Azuqueca a Alcalá no...". Con paso firme, cruzó la pista de atletismo y se internó en el caucho con trazas césped del anexo. Se incorporó al pequeño círculo que formaban los jugadores del Jamónikos y les miró, uno a uno, a los ojos. Entonces se quitó la mascarilla, inspiró profundamente, y dijo:
- No me jodáis. Dadme algo bueno para el blog.
De pronto, algo se encendió en el interior de los nuestros que, al unísono, gritaron:
- ¡¡¡Por el blog!!!
Hambrientos salieron a la segunda mitad. Y con ganas de jugar al fútbol también. Diego Añez se reencontró con la croqueta. Que cada uno ya piense lo que quiera. Javi volaba frente al arco deteniendo todos los balones. Kike corría la banda como una gacela e incluso Romo se desprendió por fin de las muletas y, a pesar de su maltrecho tobillo, salió al campo y marcó el empate a uno. Al resto no les conozco tanto, así que pensad algo bonito de ellos y seguro que lo hicieron ese día, que son muy buenos chavales todos.
Pero el 1-1 no era suficiente. El Jamónikos quería ganar esa liga. Y la oportunidad llegó con el tiempo expirando. A falta de unos segundos para el final, nuestros chavales disponían de un córner a favor. Kike se colocó las medias y se perfiló. Golpeó en balón con su zurda, que salió dirigido con una comba aurea perfecta en dirección al área. El balón voló sobre los jugadores, apretujados en el primer palo sin respetar la distancia de seguridad, y se dirigió al segundo palo, donde entraba, como un rayo, un jugador del Jamónikos totalmente desmarcado. Sin embargo, el balón, por su efecto, se iba alejando poco a poco de él. Apretó los dientes, esprintó con todas su fuerzas y...
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Ggggggggggggrrrrrrrrooooooooofffffff...
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Un gruñido gutural se escapó de su boca. A tientas, se lanzó hacia el lateral, en toda su extensión, buscando el objetivo deseado. Y lo encontró. Hizo contacto de pleno con él. El despertador dejó de sonar de inmediato y su brazo, desnudo, cayó como muerto fuera de la cama. Se giró, dando media vuelta sobre sí mismo y quedando tendido boca arriba. Su respiración era pesada. Muy pesada. Su boca le sabía a vómito.
"Pero... si no he salido de fiesta", pensó. "No soy un francés en Madrid".
Intentó incorporarse, pero todo le daba vueltas. La cabeza le dolía horrores. Cayó rendido de nuevo en la cama. Intentó hacer memoria de qué le podía estar causando semejante malestar general:
"Si aún no me han vacunado con AstraZeneca... No puede ser", pensó.
Quiso mover las piernas, sentarse al borde de la cama en medio de la oscura habitación, pero un dolor insufrible las recorrió de arriba a abajo. Ahogó un grito.
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Entonces recordó. Como un rayo de luz atravesando la oscuridad lo vio. Y sonrió.
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"Menudas agujetas, chaval", pensó. Se incorporó a duras penas. Tambaleante, abandonó la habitación y salió al balcón. Mientras inspiraba profundamente el limpio aire azudense, pensó "Qué feliz fui de poder volver a jugar con el Jamónikos aunque fuera un amistoso después de todo esto".
Entonces alguien, desde la calle, gritó:
-¡¡¡Se te ve el pirulí!!!
Y cayó en la cuenta que había salido desnudo al balcón.
- ¡Sí, pero es de sangre! - contestó, antes de volver a entrar en casa.
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Pd.: Dramatización. Puede que no ocurriera.



















