Quiero que
recordéis que ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por su patria. La
ganó haciendo que otros pobres estúpidos bastardos murieran por ella.". Con esas palabras el general norteamericano George S. Patton comenzaba su discurso a sus tropas en diciembre de 1944 antes de comenzar la ofensiva de las Ardenas en plena II Guerra Mundial, y así he querido comenzar yo mi charla porque, señores, cuando se inicia un partido, lo importante no es jugar bien, es conseguir la victoria. Y sino preguntárselo al Chelsea.
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Quiero que sepáis también, fieles y queridos jugadores, que de lo heróico a lo ridículo sólo hay un paso, un paso muy pequeño, apenas más grande que la anchura de un folio, por lo que hoy estamos aquí reunidos, en compañía del Señor, para salir ahí fuera y jugar el partido más importante de nuestras vidas. Todo lo anterior, todas las victorias logradas y todos los goles marcados, no significarán nada si no logramos el ascenso. Será todo una guerra perdida.
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Anoche, mientras dormíais, esta misma mañana mientras desayunábais, ahora mismo mientras me leéis, estáis pensado en que puede suceder en el partido. Yo ya lo se. Sabéis que no dependemos de nosotros mismos, que tenemos que esperar, pues bien, mejor, pues cuanto mayor es
la dificultad, mayor es la gloria por haberla superado, y la gloria que a nosotros nos espera compensará todo el esfuerzo y todo el cansancio que tengamos que dejar en el campo.
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Escuchad, yo no puedo jugar por vosotros, soy demasiado malo para ello, pero os puedo asegurar una cosa, y es que si pudiese lo haría. Desde el aficcionado más humilde hasta el presidente os vamos a estar empujando. Que no os preocupe el cansancio, la aficción tiene decenas de pares de piernas y de pulmones para dejaros, asi que no quiero ver a nadie cansado. Hoy el cansancio no existe, porque después del partido nos espera la Gloria.
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No soy muy dado a los discursos, y no creo que esto sirva para mucho más, pues la victoria depende de vuestra actuación y no de mis palabras. Por eso, cuando salgáis ahí fuera y veáis el campo apoyandóos, espero que no dudéis. Y sin con el general George S. Patton comenzaba, con el acabo. "Bien, ahora,
hijos de perra, ya sabéis cómo pienso. ¿Eh? Estaré muy orgulloso de dirigiros
en esta lucha muchachos, siempre y en todo lugar.
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Esto es todo."
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